Las Playas

Remanso de paz en Loiba

Los acantilados de esta parroquia ortegana cobijan seis playas de arena fina, olas enérgicas y apenas bañistas

 

Los acantilados de Loiba, en Ortigueira, cobijan bajo sus robustos brazos pétreos seis playas inmensas, salvajes, deshabitadas, donde el mar campa a sus anchas. No tanto los bañistas que, para gozar de la belleza de este rincón del Atlántico, tienen que serpentear por sendas empinadas llenas de cantos, tierra y vegetación.

El de O Picón es el que tiene un mejor acceso -a través de escaleras- de los seis arenales de Loiba. En el resto de las calas, Ribeira Grande, Ribeira do Carro, Os Castros, Gaivoteira y O Coitelo, se recomienda una buena forma física para bajar los bártulos a la playa.

Aunque lindan unas con otras, las calas de Loiba son diferentes. En Os Castros, también conocida como Fabega, la arena es de color grisáceo y de grano voluminoso, y en el agua se suceden montículos de piedra recubiertos de una gran veridad de algas.

Al otro lado permanece inerte Gaivoteira, con cabellos rubios y ondulados por las olas. Es quizás la más bella de todas, pero también la de más complicado acceso. La senda que parte de las rocas en dirección al cielo apenas se distingue entre el acantilado. En el tramo de salida, desde la playa, casi hay que saber escalar. Lo confirma Antonio Lorenzo, que en la mañana de ayer se encontraba en busca de pulpos en Loiba. «La peor parte es la del principio, luego ya va todo seguido», señalaba. No hay que olvidar que la costa de Loiba es de mar abierto, batida por el océano, donde las olas alcanzan cierta altura y las corrientes arrastran con fuerza. Pepito, otro pescador, afirmaba que «hay que ser previsor, porque normalmente siempre hay mar».

En esas ocasiones de fuerte oleaje, la costa de Loiba, que tiene muchos recursos, ofrece a los bañistas la posibilidad de refrescarse en unas piscinas naturales que se forman en las rocas. Tras la jornada de playa, en lo alto de los acantilados, lo recomendable, antes de abandonar la zona, es contemplar el conjunto de las seis playas, las sinuosas curvas de la costa, y las virguerías de la naturaleza como Pedra Furada, una especie de acueducto sobre el océano. Loiba lo tiene todo, precisamente porque no tiene nada: nada de cemento, nada de masificación y nada de artificial.

Antía Urgorri, La Voz de Galicia, 5-08-2008, Las otras playas

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